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El artista español José Carlos Casado, residente en NYC, explica como surgió el proyecto para recaudar fondos para construir una escuela de la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur, Andra Pradesh, India.
El proyecto NY/Anantapur comenzó en el mar de Sri Lanka, tras un viaje frustrado en velero. En enero del 2008 inicié con unos amigos un viaje por mar de 6 meses por el sudeste asiático. Mi viaje en barco concluyó apenas dos meses después. En el trayecto entre Malasia y Sri Lanka, caí muy enfermo y tuve que abandonar el itinerario. Con mucha tristeza les pedí a mis amigos apearme en Sri Lanka desde donde una vez recuperado, decidí recorrer India.
El viaje a India era un viaje que había postergado muchísimas veces: su pobreza mítica me daba pavor, y eso a pesar de que mi relación con India había comenzado una década atrás.
Hace diez años mi hermano me animó a apadrinar a un niño de la Fundación Vicente Ferrer en la India. Esta organización no gubernamental, fundada por un ex jesuita español, lucha desde hace más de medio siglo por mejorar las condiciones de vida de los "intocables" y las castas más desfavorecidas del país. La fundación trabaja en Anantapur, una remota región del estado de Andrah Pradesh, devastada por una sequía persistente. Allí los sectores más marginados de la sociedad india sobreviven en mitad de un secarral de tierras rojas y pedregales.
Hace 40 años, en aquella India rural abandonada, Vicente Ferrer se dedicó a la tarea de sembrar la semilla del "milagro", como él la llamó, entregando a agricultores y ganadores las primeras rupias, en concepto de microcréditos. De este modo se construyeron los primeros pozos, se lograron las primeras cosechas, se iniciaron los primeros negocios.
En 1969, antes de que obtuviese reconocimiento internacional, con premios como el Príncipe de Asturias, Vicente Ferrer escribió: "He declarado la guerra al dolor y al sufrimiento". Así comenzó su guerra pacífica que ha logrado movilizar a miles de personas.
Decidí ir a visitar al niño que apadriné hace una década y aprovechar para conocer de primera mano el trabajo de la fundación. Lo que vi durante la semana que duró mi visita me impactó profundamente y fue el detonante para iniciar este proyecto NY/Anantapur.
Cuatro décadas después de empezar a trabajar en Anantapur, y en gran medida gracias a pequeñas donaciones de la gente, la fundación ha desarrollado un proyecto colosal que hoy abarca más de 2.278 pueblos y beneficia a 2,5 millones de personas. En la actualidad, Anantapur cuenta con tres hospitales, un centro para enfermos de VIH/SIDA, 11 clínicas rurales, más de 1.180 escuelas, donde están escolarizados el 100% de los niños de primaria, y 21.000 viviendas para los más pobres y otras 1.000 para personas discapacitadas.
Entre los "milagros" de Ferrer se encuentra el niño que apadriné, que hoy tiene ya 18 años. Con ayuda de la fundación, pudo asistir a la escuela, a pesar de tener una hermana parapléjica, de la que hubiera tenido que hacerse cargo porque sus dos padres trabajan en el campo. Ahora está considerando ir a la universidad. Un avance inmenso en una región donde casi la mitad de las personas mayores de 15 años no sabe leer ni escribir.
Otro de los "milagros" es el de Sasi, un "dalit" o "intocable" de 33 años que habla siete idiomas, ha estudiado Historia del Arte y trabaja como traductor. Los intocables, que tienen un lugar tan bajo en la sociedad india que están fuera del sistema de castas, estuvieron condenados durante siglos a realizar los trabajos más serviles y humillantes. En la actualidad, muchos de ellos siguen marginados a pesar de que la condición de "intocable" fue abolida en la India en 1950.
Uno de los proyectos de la fundación que me conmovió profundamente es un nuevo centro de VIH/SIDA en el que los pacientes pueden recibir terapia antirretroviral. Una niña huérfana de 7 años que decidí apadrinar tras mi visita recibe tratamiento allí.
Tras ver el impacto de la fundación sobre el terreno, sentí la profunda necesidad de hacer algo más por esta increíble organización. Sentí que tenía que dar más. ¿Pero cuánto más? Pensé que construir una escuela, por ejemplo, costaría centenares de miles de dólares que nunca podría reunir. Cuando pregunté a la fundación cuánto costaría construirla, la respuesta me dejó atónito: apenas 15,000 dólares para un centro en el que podrán estudiar 500 niños, es decir, sólo 30 dólares por niño.
El día que me marché, Vicente Ferrer vino a despedirse personalmente de mí: quizás fue el cúmulo de sensaciones de esa semana, quizás la mirada indescriptible de mi nueva ahijada, o la de Vicente, pero antes de irme me comprometí con él a hacer todo lo posible para ayudarles a construir una escuela.
Cuando regresé a NYC, hablé del proyecto con varios amigos. Todos respondieron entusiasmados. Y así, de forma espontánea, conformamos un equipo diverso de personas: Claudia Herasme y Pablo Zamorano, arquitectos; Ioana Alfonso, bailarina y actriz; Amelia Alonso, publicista; Marta Sánchez, comisaria de cine; Eva Sanchis, periodista; Stacey Elms, programadora web; Laura Turégano, agente cultural; Isabel Cantallaos; Xavi Marrades, y otros más. Somos un equipo diverso, pero tenemos algo en común: Todos nosotros estamos dispuestos a aportar tiempo y conocimientos para el proyecto NY/Anantapur, convencidos de poder contribuir a hacer de éste un mundo mejor.
Durante mi viaje tomé miles de fotos sobre la vida en la India. De estas fotos, seleccioné 108, las cuales estamos vendiendo mediante exposiciones y esta página web para recaudar fondos para el proyecto.
Ahora ya en tierra, y en Nueva York, llega a su recta final mi viaje, que espero que concluya con la construcción de una nueva escuela en Anantapur. Mi último día en India tomé esta instantánea de un porteador. Para mí estas manos representan todo el equipaje con el que no partí pero que regresó conmigo. Te invito a participar de este increíble viaje.
Shimla, Himachal Pradesh
